Para aquellos que disfrutaron la escolaridad
a finales de los cincuentas ó la década de los
sesenta y setenta, casi seguroestoy, que en alguna
pared de su salón colgaba un gran
a finales de los cincuentas ó la década de los
sesenta y setenta, casi seguroestoy, que en alguna
pared de su salón colgaba un gran
pizarrón de color verde. Para los que fueron
a la escuela antes de este periodo
a la escuela antes de este periodo
o, probablementetrabajaron en sendos pizarrones
negros,
por supuesto que en
ambos tableros, la tiza
era la gran herramienta
para rayar sobre ellos.
Y aquellos qué a la escuela
fueron después de los ochentas
debieron haber tenido pizarras en
vez de pizarrón, y para rayar sobre estos sofisticados tableros,
fueron después de los ochentas
debieron haber tenido pizarras en
vez de pizarrón, y para rayar sobre estos sofisticados tableros,
los marcadores de color.Todos estos cambios,
de color, material y superficies,
de color, material y superficies,
fueron resultados de las mejoras para el descanso
a los ojo del alumnado y la modernidad
que nos dan, todos los sintéticos.
Sin embargo la importancia ó el encanto dentro
de cualquiera de estos cuatro noventa grados,
es la magia que se encierra en ellos,
una magia simple, y es la de escribir,
desde la cosa más sencilla, a la más horrenda ó
extrema sentencia y con un “zas” desaparecerlas
de una, por siempre y sin responsabilidades.
a los ojo del alumnado y la modernidad
que nos dan, todos los sintéticos.
Sin embargo la importancia ó el encanto dentro
de cualquiera de estos cuatro noventa grados,
es la magia que se encierra en ellos,
una magia simple, y es la de escribir,
desde la cosa más sencilla, a la más horrenda ó
extrema sentencia y con un “zas” desaparecerlas
de una, por siempre y sin responsabilidades.
Si mi pasado estuviese respaldado
en uno de estos cuadrados, seguramente
en este mismo instante, me encontraría
en alguna de sus esquinas
borrando lo que mal
hube calculado.


